Anarquía relacional

Por Raizo a/e

«A mis 18 años, a través de la filosofía de Beauvoir y Sartre, encontré el cobijo que necesitaba para rebelarme a lo ilógico del amor romántico».

Mi abuela tuvo varias relaciones tras divorciarse de mi abuelo, un hombre misógino, maltratador y abusivo. Mi otra abuela (alguna vez fueron amigas) decía que ella era una p*ta, pienso, en un ánimo proyectivo de desear lo que ella disfrutaba. Me hizo sentido que tuviera varias relaciones al mismo tiempo o paralelo después de ese hombre terrible. ¿Por qué resignarse a experimentar una vida sin sentirse amada y entregar su psiquis a la enfermedad, intentando adaptar su amor a la violencia?.

Cercano a su muerte, en la agonía del cáncer, llegaron sus amantes, acariciaron su deterioro, mientras les recitaban su amor. No vi celos entre ellos, y dentro de mi, cobraron sentido tantos amores.

En la única relación monógama que tuve, no pude unirme al discurso coercitivo de “sólo te amaré/desearé a ti”, ya que amaba profundamente a mis amistades y siguen siendo igual de importantes que un/a/e pareja. No pude subirme al barco de la promesa matrimonial por ateísmo, derecho económico y porque si cambio continuamente, ¿por qué no cambiaría a quienes deseo? A mis 18 años, a través de la filosofía de Beauvoir y Sartre, encontré el cobijo que necesitaba para rebelarme a lo ilógico del amor romántico.

Conocí personas que quisieron amar en libertad, cuando aún no existían los conceptos de anarquía relacional o del poliamor; la cantidad de vínculos no es la clave para desarticular el romanticismo, sino la calidad, claridad y apertura al diálogo honesto y explícito del deseo y sentimientos. La capacidad para contemplar cada forma (persona) de amar como válida y ser capaces de transmutar vínculos.

El ánimo del amor romántico al proponer una forma estereotipada y hegemónica de cómo amar, asume que hay un “pack” de comportamientos para relacionarse sexo-afectivamente, subalternando diversidades. Usar lo sexual e íntimo como retención y mantención del amar en el  tiempo, rigidizar las relaciones (o somos pareja o no somos nada) se convierte en la viva forma utilitaria del neoliberalismo afectivo.

Comprendí con los años, que la libertad es plena si se sostiene en la responsabilidad de cuidados mutuos y reciprocidad consensuada, el autoconocimiento para pedir necesidades y límites, la autonomía de mi bienestar y placer, el anhelo constante de conquista a través de rituales amistosos, eróticos, juguetones, cómplices. La contención ante mis y sus duelos con otras personas, consejos para sentirnos amadas/es/os por otras/es/os. No fue fácil, quizás en un comienzo, no disponer de otra persona para satisfacer mis necesidades y deseos, resolverlas a través de mis medios, y entender que el tiempo es extenso, que si algo no es hoy, podría ser mañana. En sí, confiar en la intención de cuidados y apreciarse mutuamente, en mi capacidad para elegir.

Estuve cómoda en mi Anarquía Relacional por años, con múltiples variaciones y adaptaciones en cada vínculo; cada relación es un mundo irrepetible e incomparable. Al comenzar a realizar terapias y construir vínculos de cero, me percaté de la profunda desconfianza de las personas y cómo interpretan que son amadas/es/os a través de acciones posesivas, co-dependientes, competitivas, ansiosas, paternatistas/maternalistas, etc, ante esto me cuestioné

¿Quiénes enseñan a desconfiar en las relaciones?

Pienso en la asimetría/autoritarismo multifactorial de los vínculos en el sistema económico, educativo, laboral, publicitario; estereotipos de belleza y género, algunas crianzas, etc., que son profundamente competitivas y dictatoriales, en donde las personas se entienden a sí mismas y a otras/es/os en parámetros de “superior” o “inferior” ¿Cómo nos miramos de frente, horizontalmente, si constantemente estamos “arriba” o “abajo”? ¿cómo valorar/apreciar el desarrollo de quienes amamos, sin la libertad para realizarla? Siento la existencia superficial en la competencia y profunda al mirarme/te como iguales y comunes.

La fe llena de culpas, castigos, minoginia, castración y adoración a la tortura, ilusiona con la idea de retener a alguien a través de un ritual. No habla sobre la necesidad de adaptarse o transmutar, de comprender y cuidar de las necesidades y límites de cada persona que construye lo que interpreta del amar (sentirse y entregar) según sus experiencias y conocimientos. Propone el totalitarismo del amar, con la misma lógica de sus guerras; amar a través de la violencia de colonizar el alma.

Nota de la Editora: ¿Quieres saber más sobre Anarquía Relacional? https://es.wikipedia.org/wiki/Anarqu%C3%ADa_relacional

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