La violencia NUNCA es normal

Anónimo

«Hace poco logré ver que la violencia que viví no es normal, no es amor.»

“O” y yo comenzamos una relación en 2018 y conforme pasaban los meses, yo sentía que era el amor que había estado anhelando, entregándome por completo y amándolo con una devoción y pasión que nunca había sentido, sin pensar que en marzo del 2021 viviría el peor día de mi vida.

Escribir lo que viví en 3 años y medio de relación con él, aún me parece imposible. Incluso a través de terapia, hace poco logré ver que la violencia que viví no es normal, no es amor.

Personas cercanas me decían: ¿Por qué soportas tantas cosas? ¡Sal de ahí!

Pero nunca quise escuchar, porque la violencia en mi caso, vino siempre disfrazada de disculpas y promesas.

La violencia me hizo creer que yo era la que exageraba, la que provocaba los episodios.

La violencia me hizo creer que en el amor se pueden tolerar cosas como mentiras, infidelidades, humillaciones, denigraciones, golpes, chantajes, manipulación, etc.

Porque “el amor todo lo puede”.

Llegó un punto en mi relación en que llegué a creer todo eso, e incluso pensar que yo era el problema. Me esforzaba muchísimo por cambiar, sin lograr tener nunca su aprobación.

Comencé a vivir con ansiedad, cuidando cualquier cosa que pudiera arruinar mi relación, pero nunca era suficiente, siempre fallaba en algo. Mi autoestima se quebró por completo.

El último año comenzó la peor parte: ya no solo eran celos, control, manipulación, mentiras e infidelidades, eran golpes. Si discutíamos y yo no le daba la razón, recibía jalones de pelo, manotazos, empujones… me encerraba con la excusa de querer hablar, pero solo si estaba de acuerdo con lo que él pensaba y decía.

Comencé a esconder las marcas que sus agresiones me dejaban y ya no le tocaba el tema, porque me daba miedo su reacción y también perderlo. Así que la única manera que tenía de sacar toda esa frustración era llorando y gritando.

Decidí terminar la relación, pero él nunca dejo de buscarme, me mandaba correos, iba a mi trabajo, se aparecía afuera de mi casa para que habláramos y algo dentro de mi, necesitaba verlo y tratar de arreglar las cosas.

«O» hacía actos desesperados para que no lo dejara, como darme un anillo de promesa, proyectando una vida juntos, argumentando que ya se había dado cuenta de sus errores y que yo era el amor de su vida; que era momento de ser felices, vivir juntos, que nos casaríamos, tendríamos hijos y que siempre me iba a apoyar. Yo no estaba segura que eso era lo que quería para mi vida, pero al mismo tiempo no dejaba de acceder a verlo.

Sus agresiones se hacían más graves con el tiempo. Me mordía la cara dejándome marcas muy fuertes, pero al mismo tiempo, sabía perfectamente cómo manipularme, lo minimizaba.

En marzo abrí los ojos y vi que yo solo era un objeto más para su ego. Decidida a dejarlo y no volver, fui a su casa por última vez por mi gato, pero todo se salió de control: pedí ayuda al 911 y nunca llegaron.

Ese día, además de las mordidas, me sometió, ahorcó y atentó contra mi vida. Todo el maltrato físico y emocional, hizo que me sintiera, exhausta, le dije que no entendía porque me estaba haciendo tanto daño, y empujada por la desesperación le dije: “me quiero matar”, fue entonces que, se dirigió a la cocina y regresó con un cuchillo en la mano y me lo aventó, diciendo, «si te quieres morir, mátate».

Por un momento pensé en hacerlo. Afortunadamente reaccioné rápido y quité esa idea de mi cabeza.

Arrepentido, me dijo que me llevaría al doctor y me subí al coche. Desvió el camino y me llevó a un panteón con el pretexto de ir a la tumba de su papá porque quería decirme en frente de él que no me mentía y que me amaba. Discutiendo traté de irme pero cuando se desesperó me sacudió y me empujó tirándome al piso y mi cabeza golpeó fuertemente en un escalón. Con la certeza que mi vida corría peligro comencé a gritar para pedir auxilio, un coche llegó y me brindó ayuda, y solo así pude salir de esa situación.

Hoy gracias a @Amorosamente y mucho trabajo y esfuerzo, esta pesadilla está lentamente quedando atrás. Hoy puedo contar mi historia, pero no dejo de pensar en cuántas son las que ya no pueden hacerlo. Abramos los ojos. Amémonos a nosotras mismas y dejemos de normalizar la violencia en nuestras relaciones. Aprender a decir NO y poner límites a tiempo.

Espero dejar de leer historias como la Mía. Gracias por leerme.

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